Todos somos clónicos

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image El hombre es el único animal que retoza, goza (y hoza) en la imbecilidad. Se esmera en producirla, condecora a los que la propagan y endiosa a los que la renuevan. Disculparlo por su idoneidad en tropezar dos veces con la misma piedra resulta piadoso, aunque arcaico: siglo a siglo,  renueva su fervor en aplastarse a sí mismo y en dar con un biotipo masificado, de fotocopia. Lo consiguió: ya luce el grado  insigne de pelele. Su curriculum histórico prueba que se trata de una vía  gustosa, inevitable, clásica y que su  fatal primer mandamiento es destruirás al hombre como a ti mismo. Aunque recite lo contrario, su naturaleza esconde al escorpión que ruega y al escorpión que pica.
A tientas, monstruosamente, el hombre busca dar con el pasadizo que lleva de lo bestial a lo angélico. Y estos dos adjetivos (como ciertas estrellas) alumbran sin vigencia: la desesperación por mutar les apagó el sentido. Embrollo que no se arregla en un fin de semana. Requiere tanto tiempo variar de ameba a pez , reptar, saltar de dinosaurio a pájaro, ponernos de pie, deshojar la margarita, que nuestra ansiedad explota. Queremos más. Arribar a la mismísima puerta del misterio, quitar su velo, descifrarlo.

Aturdida por sí mismo, la especie  vive en perpetuo simposio. Balcánicos que estudian "Los límites a los que se llegó con la sevicia sin perder la risa y el apetito".  Expertos de la U.N. que indagan  en “Lo impasible y lo insensible en la emoción internacional". Sumado a esto, la catarata de chirimbolos: corazón eléctrico, manos “a pila”, fémures de platino,  rostros de Nefertitis de plástico. En esto está básicamente el mundo. Y en drogas, deporte, televisión, rock, algunos que otros sextillizos, una sonda espacial cada mes, los fenicios en el poder y montañas de sueños perdidos en la nada. Día a día la maratón de seis mil millones de fondistas corren en redondo por espiras que les dan la ilusión de la llegada en el mismo momento de partir. En este viaje individual se suceden cadenas de mitos, dioses, fantasías, gestos de amor y gestos de crueldad. Al igual que en la historia grande, cada uno en lo oscuro de sí sueña con poder ser otro, otros y más aún: dejar la cáscara, el yeso del inhabitable yo y pasar a vivir cómodo, libre de Yocasta, en un nosotros sin culpa, descansado y eterno.

Y en mitad de esta carrera, estupefactos como nos tiene la posmodernidad, viene y estalla sobre nuestra cabeza de vidrio el  latigazo clónico de cada día. No es fácil. Habrá que echarse agua fría en la cara, sentarse, plantar un malvón y pensárselo todo de nuevo  otra vez.

Quizás lo tengamos merecido. Tanto encender sueños nos llevó a arder en ellos.  El aura, Jano, el fantasma, Frankestein, el otro yo, no eran más que anticipo de lo que ahora despierta en los laboratorios. La palabreja mundial del día es "clonación". Se empezó jugando a clonar perejil, se pasó a Dolly, luego al cerdo y ahora a la multiplicación de bebas y  bebes. El sexo condenado a ser sólo mirón de la erótica "in vitro". Los dobles de uno haciendo lo que uno jamás  haría. La quinta reproducción de la prima de uno  saliendo de un hotel por horas con la tercera copia de una hermana de Kirchner.

Antes, para elogiar al genial o al talentoso se decía que en el momento de su nacimiento habían roto el molde. Esta fórmula “ya fue”. De ahora en más solo serán geniales quienes puedan duplicarse hasta el límite de lo fantástico. Los que posean su doble para todo. Uno para cada pecado, para cada sueño. Y dobles de repuesto. Uno, para conservarlo niño y usarlo de recambio al derrumbarse el viejo. Otro, para que sufra por uno, haga de “negro” y escriba aquello que no podemos cuajar en la página en blanco.

Hay más drama agregado: a más gente clonada, mayor desocupación. ¿Será así?. Quizás no.  A esa altura de nuestras mutaciones resultará ocioso inquietarse por trabajar o no. Quiero decir que no será angustia ni suya ni mía,  sino de los  replicantes que nos toquen. ¿O sí?

Esteban Peicovich

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Ponga su comentario comment Comentarios (1 Publicado)

  • Posteado por Ana Cecilia, 17 Febrero, 2009 22:52:13
    Ja, no, no, cuando yo nací, sin dudas se rompió mi molde, faltaba más... Desde siempre he dicho (mitad en joda, mitad en serio) que todos deberíamos ser de probeta y festejar el día del vidrio..., se evitarían así muchos problemas parentales… Bueno, ese día llegó, bienvenido sea para nada o para todo... Lo de la desocupación, no sé, podríamos ser 7 y que labure uno cada día, ja, sueldo repartido, pero el trabajo también. O ser la presidente por un rato, y así desvincular todo acuerdo ya "articulado" por ella. Veamos sus ventajas, je, hoy estoy positivista al mango. Otro día en que esté más dawn, te cuento, besos, me encantó lo tuyo, Ana C.
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